“El año en que murió el rey Uzías, vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo”. Isaías 6:1
Introducción
Cuando analizamos el llamado de Dios a algunos de los hombres a quienes les asignó responsabilidad especial, el nombre de Isaías viene a la mente de inmediato.
La iglesia está inmersa en una linda etapa de reavivamiento y reforma. Algo similar ha sido experimentado por individuos muy especiales para la historia del pueblo de Dios en este mundo, su experiencia debe ser estudiada con el propósito de extraer lecciones que nos ayuden a mejorar nuestra vida espiritual en esta etapa tan importante de la historia de la iglesia.
Entre los personajes más interesantes para analizar se encuentra el profeta Isaías, hijo de Amoz, quien realizó sus labores como profeta de Dios en una época muy especial. Vamos a leer la historia de manera directa y luego pasaremos a analizarla:
«Isaías 6:1-13»
“El año en que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines. Cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces diciendo: «¡Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos! ¡Toda la tierra está llena de su gloria!» Los quicios de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la Casa se llenó de humo. Entonces dije: «¡Ay de mí que soy muerto!, porque siendo hombre inmundo de labios y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos». Y voló hacia mí uno de los serafines, trayendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas. Tocando con él sobre mi boca, dijo: –He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa y limpio tu pecado. Después oí la voz del Señor, que decía: –¿A quién enviaré y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: –Heme aquí, envíame a mí. Y dijo: –Anda, y dile a este pueblo: «Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, pero no comprendáis». Embota el corazón de este pueblo, endurece sus oídos y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos ni oiga con sus oídos ni su corazón entienda, ni se convierta y haya para él sanidad. Yo dije: –¿Hasta cuándo, Señor? Y respondió él: –Hasta que las ciudades estén asoladas y sin morador, no haya hombre en las casas, y la tierra esté hecha un desierto; hasta que Jehová haya echado lejos a los hombres y multiplicado los lugares abandonados en medio del país. Y si queda aún en ella la décima parte, esta volverá a ser destruida; pero como el roble y la encina, que al ser cortados aún queda el tronco, así será el tronco, la simiente santa.
Lecciones que podemos aprender de esta historia
Son varias las lecciones que se pueden aprender de esta porción de la Biblia, en esta oportunidad veremos sólo cuatro que consideramos significativas para el reavivamiento y la reforma individual.
- El sentimiento de inferioridad de Isaías
- La grandeza de Dios
- El deseo de Isaías de ir en nombre de Dios
- Dios tiene un grupo especial de sus hijos
Análisis histórico del llamado de Isaías.
La Biblia va con el tiempo, debemos recordar ese principio siempre, por lo tanto, cuando la Biblia menciona, en algún caso, elementos de tiempo es bueno detenerse y analizar ese contexto histórico. Al hacerlo podemos encontrar luz que nos va a ayudar a reconocer mejor, aspectos importantes de las historias y personajes, así como claves para comprender mejor aspectos complejos relacionados con las doctrinas bíblicas.
El llamado a Isaías ocurre en el último año del reinado de Uzías, rey de Judá.
La aparición del nombre del rey Uzías en el inicio del ministerio de Isaías, nos obliga a indagar sobre este rey y el porqué, al describir el llamado de Dios para con él, Isaías lo menciona.
En Patriarcas y Profetas, Elena G. de White presenta algunas declaraciones relacionadas con Uzías. En la página 225 leemos:
“EL LARGO reinado de Uzías [también llamado Azarías] en la tierra de Judá y de Benjamín fue caracterizado por una prosperidad mayor que la conocida bajo cualquier otro gobernante desde la muerte de Salomón, casi dos siglos antes. Durante muchos años el rey gobernó con discreción. Gracias a la bendición del Cielo, sus ejércitos recobraron parte del territorio que se había perdido en años anteriores. Se reedificaron y fortificaron ciudades, y quedó muy fortalecida la posición de la nación entre los pueblos circundantes. El comercio revivió y afluyeron a Jerusalén las riquezas de las naciones. La fama de Uzías «se extendió lejos, porque se ayudó maravillosamente, hasta hacerse fuerte.» (2 Crón. 26: 15.)
Veamos algunos aspectos positivos del reinado de Uzías.
En esta importante declaración podemos ver un aspecto muy positivo del reinado de Uzías.
Una vez más cabe preguntarnos, ¿Por qué el llamado de Isaías inicia con este contexto histórico?
En Romanos 15:4, la Biblia nos enseña que las cosas que escribieron “antes” se escribieron para “nuestra enseñanza”. Por lo tanto podemos llegar a la conclusión de que es importante que analicemos algo del “último año de Uzías”.
En 2do Crónicas 26, la Biblia narra el reinado de Uzías. Nos dice la Biblia que reinó 52 años que fue prospero e inteligente
Elena White dice que fue el mejor rey después de Salomón, Pero hubo un detalle en la vida del rey.
Aunque la bonanza de Judá en el reinado de Uzías fue LITERAL, debe ser motivo de reflexión para nosotros el hecho de que él no pudo lidiar muy bien con su éxito.
El ser humano tiene serios problemas con el EGO. Muy fácilmente olvidamos que dependemos de Dios para todo, y que las cosas buenas que logramos hacer, en realidad las realiza el Señor “…por amor de su nombre”.
La Biblia dice, que su “corazón se enalteció para su ruina” (2 Cr. 26:16). La altivez sólo conduce a la ruina. Debemos estar alertas contra la altivez.
El mejor remedio para esto es dar la gloria a Dios en todo.
Con la muerte de Uzías, el país fue víctima de una gran inseguridad política. La amenaza de ser invadidos por los asirios, con el Rey Tiglat-Pileser III a la cabeza, provocó una gran crisis. En medio de esta crisis terrible, Dios aparece en visión a Isaías.
Dios obra en medio de la crisis
La realidad que vivimos hoy no es diferente, la crisis financiera que arropa al mundo, pone en evidencia nuestra incapacidad de auto sostenernos. Dios desea que le contemplemos una vez más. Que veamos en él al TODO PODEROSO. Para él no existe la crisis. Dios puede obrar en medio de las dificultades. El no necesita pedir permiso, no necesita reunir a nadie para demostrar su autoridad, y decir: “mía es la plata y mío es el oro”. (Hg. 2:8; Salmo 24:1)
Isaías contempló a Dios
Dios le permitió a Isaías estar presente para ver con sus propios ojos como la grandeza de Dios llenaba TODO EL TEMPLO. De esta manera, la crisis se veía pequeña ante la majestad de Dios. La iglesia de Dios, el pueblo remanente de Jehová necesita recordar que Dios es TODOPODEROSO, que no dependemos de las estrategias humanas, que no dependemos del liderazgo de los hombres, sino de la dirección de Dios y del pleno cuidado y protección que emana del trono de aquel que es Santo por la eternidad.
Al contemplar a los seres santos alrededor de él, el profeta no pudo más que recordar que “ningún hombre puede ver a Dios y vivir” (Éxodo 33:20), por lo que exclamó “ay de mí que soy muerto”.
Al reconocer su indignidad, Dios envió un mensajero para que “limpiara” a Isaías.
Pero el último paso debía ser voluntario.
Ante la pregunta de Dios, “¿Quién irá por nosotros?”, el profeta no lo pensó. Con determinación dijo “heme aquí, envíame a mí”.
El llamado de Dios a su pueblo
En medio de la crisis existente, los hijos de Dios somos llamados a contemplar a Dios una vez más, en la majestad de su gloria, con todo su poder y grandeza,
Somos invitados a reflexionar sobre nuestra indignidad. Que comprendamos que somos polvo, que no somos nada por nosotros mismos, que sólo en él somos llamados hijos de Dios, que por su sangre somos limpios de toda maldad. Y que gracias a esta limpieza obrada por el Espíritu Santo, por medio de la santidad sin la cual ninguno verá a Dios, tú y yo podremos ser parte del remanente que dirá en aquel día “este es nuestro Dios, le hemos esperado y el nos salvará”.
Dios te bendiga
