Tocando tu corazón / La otra mejilla


Por: Fernando Guerrero

Juan wesley iba una vez manejando un coche, cuando un incrédulo, que lo conocía y hostigaba, apareció en su propio coche del otro lado del camino e intencionalmente ocupo  el centro de la calzada, obligando al predicador a pasar peligrosamente junto a la cuneta.-Yo no dejo el lugar a los tontos-Exclamo el incrédulo-. Pues yo si- repuso tranquilamente Wesley, y siguió su camino.

Nuestro señor Jesucristo nos enseño que debemos ofrecer la mejilla izquierda a aquel que nos golpea  la mejilla derecha, y es esta quizás una de la cosas que más aprovechan los incrédulos para martirizar a los creyentes. Al ofrecer la mejilla izquierda obviamente se está ofreciendo el perdón, sin rencor, olvidando, de todo corazón, lo ocurrido.

Pero no debemos mal interpretar el uso de la mejilla izquierda como la interpretan los incrédulo.

Hace casi tres décadas  siendo aun muy joven, trabajaba  junto conmigo otro joven cristiano perteneciente a una denominación religiosa diferente a la que yo profeso. Era bastante pobre de espíritu, y era burlado frecuentemente por un peón de un camión mucho más fuerte que él, y que abiertamente no simpatizaba con los cristianos.

Con mucha frecuencia era visto aquel peón golpeando a León, que así se llamaba el joven de nuestra historia,  en su mejilla derecha,  luego  con toda la burla posible voltearle la cara, y decirle:-Espérate que aun me falta la mejilla izquierda, pues así te lo ordena tu señor-, y golpearle también del otro lado.

La indignación llego a tal punto que lo demás empleados me dijeron lo que estaba pasando. Llamé a León a mi oficina, y al cuestionarlo me confesó lo que yo ya sabía. Indignado le dije que cuando el señor volviera a tratar de pagarle de nuevo le dijera que había un cristiano nuevo en el negocio, que por favor lo dejara descansar a él, y que practicara con el otro.

Todo funciono a las mil maravillas. El peón se trago la carnada hasta las agallas,  y cuando fueron a buscar el “nuevo cristiano”, ante todos los empleados él vio que Salía de las oficinas, cuando estábamos uno frente al otro medio vacilante me pregunto que si era verdad que yo era cristiano igual que león; le respondí que si, echando fuego por los ojos del coraje. Entonces yo le dije:- Me dicen que a usted le gusta probar a los cristianos, y comenzando a quitarme el reloj agregue, continúe, ahora puede usted comenzar a probar otro.

Apartándose, el peón dijo:- A usted yo no quiero probarlo, a leguas se ve que usted no es cristiano. Demás está decirles que León jamás volvió a ser molestado. Amigo mío yo no  tuve que pelear. Jesús tampoco tuvo que usar el látigo. ¿Lo habríamos hecho? No me imagino a  Jesús fanfarroneando. El era muy celoso con las cosas de Dios. San Pablo nos dice: Airaos  mas no pequéis. ¿Dónde, Pues, estaba el pecado por el cual el peón no me consideraba cristiano? Es de mi opinión que al corregir la maldad no se peca.

Quiera Dios que siempre estemos dispuestos a poner la otra mejilla, la del perdón, para que el nombre de Cristo sea engrandecido. Que Dios nos bendiga.

Seguiremos hablando más de Jesús el próximo martes.

Deja un comentario