Texto Bíblico: Hechos 16: 28-32
Propósito
- Ver la relación entre nuestra actitud al llamado y la consecuencia que tiene en nuestra vida espiritual y cómo influye en los que queremos salvar.
- Aprender a reaccionar ante las pruebas de una manera positiva.
- Ayudarnos a no depender sólo de nuestros planes y siempre darle a Dios la última palabra en ellos
Introducción
Cuando estamos predicando el evangelio y lo hacemos asidos de la mano poderosa del Señor, podemos estar seguros de que nuestros pasos son ciertos. A pesar de las circunstancias.
La manera como afrontamos los aparentes fracasos a los que nos enfrentamos cuando vamos llevando la bandera de Cristo, puede significar la diferencia entre un ministerio gozoso o terrible desilusión.
Podemos trazar planes maravillosos a nuestros ojos, llenar nuestras alforjas de la esperanza y la satisfacción del deber cumplido; pero si no estamos dispuestos a cambiar de rumbo cuando el espíritu lo indica, podríamos poner en peligro los planes de Dios, e interferir en la salvación de nuestro prójimo.
En los múltiples viajes realizados por el apóstol Pablo, tenemos un ejemplo muy particular de estas declaraciones; él estuvo dispuesto a cambiar de rumbo, de acuerdo al plan de Dios.
El contexto de la historia que analizaremos en esta oportunidad tiene como base Macedonia, lugar al cual Pablo fue llamado de forma urgente, por medio de una visión.
El contexto de la historia
En el contexto de esta historia, Elena G. de White declara que “había llegado el tiempo”[1] para que el evangelio fuera predicado de forma más amplia en toda el Asia Menor.
Era necesario que el evangelio pudiera correr más veloz y para esto debía llegar la verdad a lugares estratégicos, donde la comunicación fluía más rápido y en donde habían más personas que debían ser alcanzadas por la verdad.
Pablo, después de algunas confrontaciones con el Espíritu Santo, recibió un llamado directo: “Pasa a Macedonia y ayúdanos (Hechos 16: 7-10).
- E inmediatamente se dirigió al lugar.
- No tenía ni idea de lo que venía por delante.
Con el inicio de la predicación en aquel lugar, llegaron los resultados.
- Lidia, una mujer comerciante de aquel lugar, temerosa de Dios, fue impactada por el mensaje de la Cruz, fue bautizada y de inmediato servía a la causa, poniendo su casa a la orden de los siervos de Dios.
Después de esto, los apóstoles se vieron perseguidos por una mujer endemoniada, con un espíritu de adivinación, de la cual vivían muchos haciendo negocios y ganancias deshonestas. Pablo ordenó al demonio salir de aquella mujer y esta fue restaurada a la normalidad, por lo que servía ahora a Dios.
Esto provocó el enojo de las personas que se beneficiaban de la pitonisa. Por medio de influencias y mentiras llevaron a la cárcel a los mensajeros de Dios.
Cuando los planes no van como queremos
Esta historia nos enseña que aún los grandes hombres del evangelio pasaron por momentos extraños, raros para la comprensión humana.
- Señor, pero estamos obedeciendo, estamos haciendo tu obra.
- Señor, pero yo colaboro con la iglesia
- Señor, pero soy fiel en todo lo que puedo
Momentos extraños
Para Pablo y Sílas, esto significó la cárcel.
La palabra declara que “se agolpó el pueblo contra ellos” y las autoridades les “quitaron las ropas” y los azotaron “con varas”.
Después de azotarlos “mucho”, los echaron en la cárcel, y por orden de los magistrados debía ser llevado al calabozo de “más adentro”.
El momento debió ser terrible.
- Ropas deshechas
- Heridas en las espaldas
- El cuerpo manchado de sangre
- Y por último, fueron colocados en el cepo.
La reacción de ellos fue “orar” y “Cantar”. Increíble.
La manera en que reacciono ante los problemas y dificultades puede ser la diferencia entre la salvación o la perdición de un alma.
Elena G. de White declara que con “asombro los presos oyeron las oraciones y los cantos”.
- Allí lo usual era la queja
- Eran las lágrimas
- Era la desesperación
Pero con la llegada de los hijos de Dios a este lugar, a pesar del dolor de estos hijos, llegó la esperanza, y por primera vez en mucho tiempo, la libertad que sólo puede dar Jesús, resonó un campanazo en aquel lugar.
La sierva del Señor, declara que cuando iban de regreso a casa, los magistrados recapacitaron y decidieron soltarlos en la mañana. Sin embargo, las oraciones y los cantos que inundaron los corazones de aquellos hombres de esperanza, retumbaron en los cielos, y las huestes angelicales fueron conmovidas y enviadas a la cárcel en donde se escuchaba la campana de la libertad. Cuando los enviados del cielo “tocaron el suelo”, la tierra se sacudió.
Las cadenas fueron rotas, las manos y los pies quedaron libres y los siervos de Dios, fueron librados.
Pero una vez más, la actitud.
- Podías irse, estaban libres, pero no lo hicieron
Hubo algo que Pablo de alguna manera entendió. El Señor me ha enviado a este lugar. ¿A qué me enviaste Señor? Sí, estoy consciente de que la Biblia no dice eso, pero cuando leo lo que ocurrió, me parece que hubo, en la actitud de Pablo, una respuesta al llamado de Dios.
La pregunta vino ¿Qué debo hacer para ser salvo?
Pablo había sido enviado a dar esa respuesta.
Conclusión
Hermanos queridos. Estamos en la prisión de este mundo. No somos prisioneros de él, somos libres en Jesús. Pero el mundo que no conoce a Cristo esta sin esperanza, sólo oye desesperación, dolor y sufrimiento. Desde la cárcel de más adentro, lo usual es que se oigan gritos de pena, de angustia, de falta de ánimo.
Eleva tu vos en un canto de alabanza, en medio de las dificultades.
Da gloria a Dios por las tribulaciones…
Y te asegura que vendrá el PODER, que vendrá la SALUD, que vendrá el GOZO
Ora con toda tu fuerza, y veras a muchos preguntar ¿Qué debo hacer?
Me imagino que ya sabes cuál es la respuesta que debes dar.
Dios te bendiga
[1] Elena G. de White, Hechos de los apóstoles, (Asociación Publicadora Interamericana, Miami FL, 1957) Pág. 172
