No, no se trata del carro de la foto, sino del que me tocó tomar la noche de ayer para llegar a la casa. Despues de una larga faena de casi 12 horas en una reunión de trabajo, tuve que regresar a la casa en este medio de transporte que los dominicanos llamamos CONCHO. No me pregunten porqué lo del nombre, sólo se que es una experiencia única cada vez que te subes a uno. Lo primero es que cuando estas afuera vales oro para el chofer, te ofrece villas y castillas para que te subas, después que estás dentro, lo primero es que te sube el radio para dejarte, literalmente, sordo, con música muy estridente que te puede dejar casi loco. Luego de pasar dos cuandras te abre su manos para que pagues, y parece que tienen detectores naurales de dinero, porque saben sin mirar cuanto le pasas. Luego te piden permiso para «ECHAR UN CHIN DE GAS», «Es que le preste mi carro a mi hermano y lo dejo SECO». En medio de las quejas de los pasajeros, decido, llamar a mi esposa para que me recoja, y cuando me vine a dar cuenta, el carro ya se había ido… Que fuerte verdad… Esa es la historia de cualquiera en un CONCHO…
