
Introducción
El tema de la idolatría ha estado presente desde la fundación misma del universo.
Podríamos afirmar que estuvo presente en el primer pecado, cuando Lucifer quizo ser “igual a Dios”.
A través del tiempo ha cambiado de forma, pero sigue siendo igual de abominable a los ojos de Dios, y sus efectos nocivos continúan llenando de dolor la existencia humana.
Podemos afirmar que vivimos en una sociedad llena de religión. Sin embargo, no podemos negar que la mayoría de las personas no conocen a Dios.
¿Qué son los mandatos de Dios?
Cuando hablamos de los mandamientos, vienen a nuestra mente muchas ideas de ellos.
De manera especial para los adventistas del 7mo día, son como un icono, como una prueba de identidad.
Para otros los mandamientos son un dolor de cabeza, pues aunque quieren negar su vigencia, no pueden justificar las consecuencias de esa errada actitud.
A pesar de decir no hay que guardarlos, están consientes de la necesidad de tener un “AYO”, o sea una GUÍA para conducirnos a Cristo.
Pero en esencia los 10 mandamientos son el reflejo del carácter de Dios. Es la expresión resumida de su voluntad, expresada en la imperfección del lenguaje humano, pero con la agudeza de la reflexión que el mismo Dios colocó en el hombre, creado a su imagen.
La importancia del 1er mandamiento
A Dios le agrada lo primero, el desea las primicias de nuestros frutos.
“No venderán nada de ello, ni lo permutarán ni traspasarán las primicias de la tierra; porque es cosa consagrada a Jehová”. (Ezequiel 48:14)
Al estudiar este primer mandamiento debemos analizar el breve contexto previo.
“Habló Dios todas estas palabras diciendo: “Yo soy Jehová tu Dios”…
El Señor establece, de inmediato, las reglas de juego. El no pierde tiempo demostrando si puede o no hacerlo. Da por sentado quién es él. Jehová, el mismo Jehová que abrió el mar, el mismo Jehová, que llamó a Abraham, el que lucho con Jacob, el que los libertó de la esclavitud.
Por lo tanto el tiene autoridad para mandarte.
Para nosotros hoy, es importante entender esto.
Necesitamos autoridad
Carecemos de autoridad, hemos perdido la autoridad.
- No la tenemos para guiar a nuestros hijos.
- No la tenemos para cuidar nuestras familias.
- No la tenemos para corregir a nuestros hermanos.
- Dios nos recuerda que él tiene autoridad… Gloria a Dios.
“Yo Soy Jehová tu Dios”, no sólo me recuerda el nombre de mi Dios, sino que me llena de gozo al saber que pertenezco a uno que me ama, que es poderoso y que tiene autoridad sobre el universo, sobre el planeta, sobre las leyes naturales, sobre las leyes físicas y también tiene autoridad en mi vida.
Y por esa autoridad, Jehová me dice: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”
(NVI 1999) »No tengas otros dioses además de mí.[f]
(SA*) No tendrás otros dioses delante de mí.
(RV 1995) «No tendrás dioses ajenos delante de mí.[4]
Todas las versiones de la Biblia presentan este texto con un sentido muy claro de respeto a la autoridad de Jehová.
¿Qué ponemos delante de Dios?
Es una acción muy atrevida colocar a alguien o a algo por encima de Dios en nuestra vida.
En el pasado el pueblo de Dios estuvo rodeado por la idolatría, y eso representó una gran pérdida para los hijos de Dios.
Elena White, nos dice que “LOS HIJOS de Israel pasaron muchos años sirviendo a los egipcios. Sólo unas pocas familias descendieron a Egipto; pero allí se convirtieron en una enorme multitud. Al estar rodeados por la idolatría, muchos perdieron el conocimiento del Dios verdadero y se olvidaron de su ley. Y se unieron a los egipcios en su culto del sol, la luna y las estrellas, y de animales e imágenes, obra de manos de hombres”.
En nuestra época moderna, en pleno siglo XXI las cosas no son diferentes de eso.
El hombre es idolatra, pero no sólo el hombre pagano. Hay muchos hijos de Israel que han caído víctimas de la idolatría.
Sin embrago no podemos negar que Dios ha permanecido inamovible en el corazón de muchos hombres y mujeres fieles, que no han doblado sus rodillas ante dioses falsos y han permanecido delante de Jehová.
¿Qué cosas coloca el hombre como dioses por encima de su fe?
Colocamos la ambición: Deseamos más de los que necesitamos.
Leí hace poco esta nota anónima:
“Muchos permiten que sus carreras y sus ambiciones se conviertan en un ídolo. Si nuestro deseo supremo es tener éxito en nuestra carrera, somos culpables de idolatría. Hay muchos que dicen no ser culpables de esto, pero sus sueños despiertos, sus ilusiones y fantasías, sus temas de conversación sólo tienen que ver con son sus carreras, con el dinero o con sus posesiones materiales. Se preocupan muy poco o nada por la obra del Señor y se dedican la mayor parte de sus esfuerzos a buscar la prosperidad económica y la satisfacción de sus ambiciones”.
La respuesta de Dios a esto es: Buscad Primero el reino de Dios y su justicia… y todo lo demás vendrá por añadidura.
Colocamos la familia: Para muchos creyentes la influencia de la familia es muy poderosa. Perdemos autoridad espiritual cuando dejamos a nuestros familiares decidir sobre nuestra adoración a Dios.
Es un tema delicado, pero Dios desea el primer lugar en nuestra vida. Y si Papá, o Mamá están ocupando el Lugar de PAPA DIOS, estamos dándoles a ellos un lugar que no le corresponde en la vida.
Jesús presentó esto con mucha propiedad cuando dijo en Lucas 14:26
“Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, madre, mujer, hijos, hermanos, hermanas y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo”.
El ídolo de lo terrenal y lo secular
En la carta a los Filipenses, Pablo nos da un ejemplo de este tipo de pensamiento idolatra:
“Filipenses 3:18 porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo. El fin de ellos será la perdición. Su dios es el vientre, su gloria es aquello que debería avergonzarlos, y solo piensan en lo terrenal”.
La palabra que se traduce allí es “κοιλία”. Se traduce como vientre, “ἐπίγειος” esta se traduce como terrenal.
No podemos colocar los deseos terrenales por encima de nuestra adoración a Dios.
La promesa de Jehová es que si permitimos que él sea nuestro pastor: Nada Nos faltará.
Conclusión
Al llegar hasta aquí necesitamos meditar seriamente sobre lo que representa Jehová en nuestra vida.
“¿Dependo más de mí que de Dios? ¿Tengo más gozo en las cosas materiales que en Dios? ¿Estoy trabajando para obtener cosas que son eternas?
En segundo lugar, si logramos identificar una debilidad en ese sentido, debo llamarla por su nombre: IDOLATRÍA
Debo eliminar TODO lo que me separa de una correcta adoración de Dios.
Debemos volver al primer amor.
Llamado
No tendrás dioses ajenos delante de mí
No tendrás otros dioses fuera de mí
No tengas otros dioses además de mí
Esa es la mejor manera en la que podemos preservar nuestra espiritualidad.
Donde este vuestro tesoro, allí estará tu corazón.
Donde quiere Dios ser tú Dios.
“Dame hijo mío tu corazón”, Pr. 23:26
No tengas otros dioses ajenos a mí
