En esta oportunidad quiero compartir una historia muy especial de la palabra de Dios con todos ustedes.
Está llena de la cotidianidad humana. Es una manifestación literaria de las necesidades diarias que tenemos los seres humanos y que, debido a la frecuencia con que las vivimos, llegamos a pensar que Dios no se manifiesta en ella y que la suerte o el acaso es lo que domina nuestra existencia.
¿En algún momento nos detenemos a reflexionar en que Dios está a nuestro lado y que nada de lo que ocurre es casualidad?
Esa ayuda a tiempo; ese encuentro no planificado; esa oportunidad que llega y que es aprovechada;
La gran mayoría llama a esto suerte, pero Dios no trabaja ni se mueve en la suerte. Dios no es Dios de suerte o casualidad. Él es un Dios de amor y el amor no es asunto de suerte sino de comunión.
Vamos a caminar en los linderos preciosos del libro de Ruth y conoceremos cómo Dios va marcando el sendero de victoria de sus hijos, cuando todo parece estar en silencio, cuando sólo Dios se mueve y todo queda quieto en la inacción de la impotencia.
De manera particular, veremos el inicio de una historia que no debió ocurrir nunca, sin embargo Dios transformó la tragedia en una bendición para sus hijos
La llegada de la tragedia.
Pensamos siempre ¿Dónde está Dios? cuando el dolor y el sufrimiento llegan a nuestra puerta.
La historia inicia con una referencia al hambre que hubo en la tierra en los días que gobernaban los jueces. Esto pone de manifiesto la llegada de una tragedia para la familia de Elimelec, un varón de Belén, el cual fue a morar “A los campos de Moab”, (1:1).
Las cosas no salieron como se planearon
Cuando los planes no son establecidos bajo los principios correctos el fracaso es el único desenlace.
No podemos creer que las cosas saldrán bien si no estamos fundamentados en los principios.
El primer revés sufrido por la familia fue la muerte de Elimelec.
Esto debió ser tomado como una advertencia.
En Testimonio para los ministros en la página 560, la inspiración nos recuerda que “La invención del hombre a menudo actúa en contra del desarrollo de los planes divinos”.
Los planes no son restaurados
Luego de la primera decisión incorrecta, se violenta otra normativa de parte de Dios para sus hijos, y los vástagos de Elimelec “toman mujeres de Moab” como esposas.
Dios había declarado que no era prudente para sus hijos emparentar con los habitantes de aquellas tierras. (Ver Dt. Capítulo 7:1-4)
A pesar de la expresa orden de Dios, los hijos de Elimelec tomaron mujeres de Moab por esposas.
Es cierto que fueron (Buenas esposas), no podemos negar que fue así, gracias a la misma intervención de Dios. Sin embargo no podemos negar la posibilidad de que lo contrario hubiese sido fatal y trágico para ellos.
Dios estaba con Noemí.
Dios restaura a los que han errado
Dios usó a Rut como una bendición para Noemí, quien tuvo que volver destruida, sin ánimo y consciente de que no habían tomado una decisión correcta al salir de su tierra. Reconoció que se fue llena y regresó vacía. Es necesario que seamos vaciados para poder recibir lo bueno que Dios tiene para nosotros.
Noemí nunca pensó que tendría que volver a su tierra en las condiciones que los hizo y tener que depender de la hija que ahora tenía para su sustento.
Cuando el hambre les hizo irse, Booz estaba allí, pero habría que reconocer que necesitaban de la ayuda de este pariente rico. Él podía ayudar a su pariente Elimelec a seguir adelante, pero en vez de acudir a Booz, prefirió ir a los campos de Moab.
Al regresar, es Booz el que restaura a la familia y por medio de él Dios bendijo de nuevo a Noemí.
De esta historia podemos sacra varias lecciones.
- Apreciemos los consejos divinos
- No tengamos temor de reconocer nuestra necesidad
- Aceptemos la redención que ha sido provista por Dios.
Conclusión
Al igual que en esta historia, Dios quiere que seamos bendecidos. Muchas veces nosotros mismos echamos por tierra los planes de Dios para nosotros. Cuando consideramos que los planes de Dios son muy sencillos y que debemos hacer “Esfuerzos” que incluyen ir “A los campos de Moab”.
En los campos de Moab se ve la prosperidad, se ven la abundancia y el despilfarro y llegamos a creer que estas cosas son necesarias.
Pero en los campos de Moab también abunda la Muerte, y el sufrimiento, el dolor y la miseria y todo el que va en pos de las cosas primeras, tarde o temprano tendrá que ver la llegada de estas últimas.
Más, las buenas nuevas son que el amor de Dios es muy grande, y nos da siempre una segunda oportunidad.
Llamado
No sé como estas hoy, como te sientes. Pero quiero decirte que si en tu existencia hay hambre, no acudas a los campos de Moab en busca de mejor situación.
El pariente cercano está a tu lado y él puede restaurar tu vida.
Acércate a los pies de Jesús.

