Pr. Domingo Guzmán
Génesis 39:2
«Pero Jehová estaba con José, quien llegó a ser un hombre próspero, y vivía en la casa del egipcio, su amo».

INTRODUCCIÓN
En esta oportunidad vamos a narrar una historia de la Biblia. Es una historia muy conocida por la mayoría de nosotros, lo que hará singular la narración de esta noche es que nos vamos a concentrar en el tema de la presencia de Dios en la vida de José.
Es necesario que hagamos un rápido repaso.
José fue el undécimo hijo de Jacob y primogénito de Raquel (Gn. 30:22-24).
Su historia ocupa los capítulos 37, 39-50 del libro de Génesis:
Nació en Padán-aram (Mesopotamia) seis años antes del retorno de Jacob a Canaán (Gn. 30:25; cfr. Gn. 31:41), cuando Jacob tenía 90 o 91 años.
La vida de José está llena de enseñanzas para cada hijo de Dios.
Pablo escribió en Romanos 15: 4 que “Las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que, por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”.
Me imagino que cuando usted lee historias como la de José, quisiera de alguna manera poder comprender ¿Qué lección puedo aprender como cristiano de la vida de este gran hombre de Dios?
El mensaje en la vida de José
La Biblia es pertinente para cada situación.
Aunque probablemente los detalles de nuestras circunstancias difieren de los descritos en la Biblia, la Palabra de Dios sigue siendo válida.
Pero en la vida de José tenemos una clara evidencia de lo que significa la presencia de Dios en medio de las dificultades de la vida. Aún cuando lo que ocurre no nos permite ver que Dios está presente
Notemos tres aspectos interesantes en la vida de José
Primero: Su fe se fortaleció; esto lo ayudó a poner la fidelidad a Dios por encima de su bienestar personal.
Por ejemplo, cuando la esposa de Potifar intentó seducirlo, él se negó, diciendo que no pecaría contra Dios (Gn 39.9).
Este problema con la esposa de su amo no fue cualquier cosa. El pudo conseguir favores inmediatos, pero prefirió la fidelidad a su Dios.
Segundo: La presencia del Señor hizo que a José le fuera bien donde estuvo:
Como esclavo en la casa de Potifar
Como reo en una cárcel extranjera.
En ambas situaciones, los que tenían el control reconocían que el favor de Dios estaba con José.
Por tanto, le dieron una gran autoridad y responsabilidad (Gen. 39 vv. 3, 4, 21, 22).
Tercero: en tiempos de sufrimiento, José aprendió lecciones invalorables que le prepararon para el futuro.
Como esclavo y prisionero, aprendió la manera de manejar las responsabilidades, los detalles de la cultura egipcia y la importancia de dar a Dios el primer lugar.
Una bendición adicional fue la oportunidad de ser testigo del poder y de la suficiencia del Señor.
Cuando fue traído ante Faraón para interpretar su sueño, José dijo que él no podía hacerlo, pero Dios sí (41.16).
Podemos ver crecer nuestra fe al confiar en el Dios que está presente como lo hizo José.
Cuando damos a Dios el lugar que le corresponde en nuestras vidas como Señor, su presencia nos fortalece para resistir la tentación.
Entonces, también nosotros estaremos preparados para hacer la obra, y listos para proclamar su grandeza a quienes nos rodean.
Dios está presente en los días malos
En las noticias vemos regularmente imágenes de calamidades en nuestro mundo. Y, en lo personal, también experimentamos tiempos difíciles.
La mayoría de las personas en el mundo están sufriendo, es posible que alguno de los amigos que nos visitan esta noche, o los que escuchan por la radio o el internet, enfrenten dificultades, con sus hijos, con la pérdida de sus empleos ó las rupturas matrimoniales.
Para ellos quiero decirles que Dios, nuestro Dios está presente. El quiere guiarte, confortarte, decirte “Con amor, con amor eterno te he amado”
Como cristianos, tenemos un Padre celestial que ha prometido estar con nosotros en nuestras dificultades.
Podemos confiar en Él; Dios sabe antes que nosotros lo que sucederá; nada está oculto a sus ojos (Hebreos 4.13).
“Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”.
Él ve en la oscuridad de los tiempos difíciles con tanta claridad como lo hace a la luz del día (Sal 139.11, 12).
“Si dijera: «Ciertamente las tinieblas me encubrirán», aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; ¡lo mismo te son las tinieblas que la luz!”.
Por medio de su Espíritu, el Señor nos da el consuelo, las fuerzas y la sabiduría para perseverar.
La historia de José ilustra esta verdad.
Tras ser rechazado por sus hermanos, y vendido como esclavo, fue acusado falsamente por la esposa de su amo y encarcelado.
Pero en medio de ese tiempo, el joven hebreo experimentó La presencia de Dios.
Dudo que José comprendiera los designios del Señor durante su esclavitud y encarcelamiento.
Pero después, como segundo al mando después de Faraón, entendió el propósito de Dios al permitir esos años difíciles.
Al final, José evidenció lo que él sabía que era la verdad.
Sus hermanos habían pensado hacerle daño, pero Dios usó todo su sufrimiento para llevar a feliz término su plan.
Oh, mis amigos, cuando los problemas golpean, cuando la lucha por seguir adelante se hace difícil, recuerda la verdad de Dios, y cobra ánimo.
Dios que está presente, él tiene los recursos para darnos lo que necesitamos, y prepararnos para la jornada y sostenernos con su presencia durante los días malos.
Nada puede impedir que los propósitos de nuestro Señor se cumplan (Is 14.27).
«Jehová de los ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá? Y su mano extendida,
¿Quién la hará retroceder?»
“Al ver los hermanos de José que su padre había muerto, dijeron:
–Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos.
Entonces enviaron a decir a José: «Tu padre mandó antes de su muerte, diciendo:
«Así diréis a José: Te ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque te trataron mal «; por eso, ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre». Y José lloró mientras hablaban.
Llegaron también sus hermanos, se postraron delante de él y dijeron:
–Aquí nos tienes. Somos tus esclavos.
Pero José les respondió:
–No temáis, pues ¿acaso estoy yo en lugar de Dios?
Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener con vida a mucha gente”.
José llegó a comprender el plan de Dios cuando este se había realizado por completo.
Conclusión
Hay en la vida de José un ejemplo digno de imitar. Cada uno de nosotros hemos sido llamados por Dios para cumplir un propósito, que ha de cumplirse siempre que estemos dispuestos a cargar el peso de la responsabilidad.
José no imaginaba la dimensión de su tarea, sino hasta su cumplimiento. Tu y yo hemos sido llamados para preservar mucha vida por eso debemos estar dispuestos a reflejar en nuestro carácter al Dios al cual servimos.
La inspiración nos recomienda:
“Un carácter recto es de mucho más valor que el oro de Ofir. Sin él nadie puede elevarse a un cargo honorable. Pero el carácter no se hereda. No se puede comprar. La excelencia moral y las buenas cualidades mentales no son el resultado de la casualidad. Los dones más preciosos carecen de valor a menos que sean aprovechados. La formación de un carácter noble es la obra de toda una vida, y debe ser el resultado de un esfuerzo aplicado y perseverante. Dios da las oportunidades; el éxito depende del uso que se haga de ellas”.
Llamado
En esta oportunidad quiero decirte hermano.
No sé en qué etapa de la vida te encuentras.
Es posible que seas el niño consentido, el hermano aborrecido, el esclavo, el preso ó el administrador.
De lo que sí estoy seguro es que a tu lado está el Señor, necesitas saber que él está allí.
Junto a ti.
Pero para eso debes conocerle, tener comunión con él y seguirle.
Cuantos quisieran en esta noche al Dios todopoderoso…
Dios nos bendiga…
