Dios en busca del Rey


Daniel 4:37

«Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas y sus caminos justos, y él puede humillar a los que andan con soberbia».

 

 

Propósitos:

  • Mostrar a través de la vida de Nabucodonosor como la presencia de Dios trabaja.
  • Reconocer los elementos que nos alejan de Dios.
  • Ver un ejemplo de cómo, la presencia de Dios manifestada en su gracia, se impone por encima de la terquedad humana, cuando somos capaces de mirar hacia arriba.

Introducción:

El libro de Daniel tiene muchos protagonistas.

Tenemos el caso del propio autor del libro, quién a través de estos fascinantes 12 capítulos, aparece dándonos evidencias del tierno cuidado de Dios por los que están sometidos a diversos tipos de dificultades; pero aún en medio de ellas confían plenamente en su Dios, mostrándonos ejemplo de consagración y valor.

Daniel es un ejemplo al presentar y preservar, sin ningún temor, su fe delante de todos los que le rodean, aunque ello represente el peligro de la muerte.

Otros protagonistas son:

Ananías, Misael y Azarías.

Las palabras pronunciadas por ellos en el valle de Dura, todavía resuenan hasta hoy frente a aquel horno de fuego.

Todavía hoy al leer el relato parecen retumbar en nuestros oídos con elocuente fe.

“Y si no, has de saber, oh rey, que no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua que has levantado” Daniel 3:18

¡Oh, Que valor!

Sin embargo, en esta oportunidad quiero referirme a otro protagonista del libro, uno que en los primeros 4 capítulos parece competir con el autor y los jóvenes hebreos por el primer lugar en cuanto a las referencias a su persona.

Me refiero al rey Nabucodonosor.

Nabucodonosor en la historia.

  • ¿Quién era Nabucodonosor?
  • ¿Qué importancia tiene el conocerle?
  • ¿Qué enseñanza espiritual podemos encontrar en su vida y actuaciones?

Nabucodonosor era hijo del monarca babilónico Nabopolazar, y había sido enviado por su padre a pelear contra los egipcios en el año 605 a.C.

La batalla tuvo lugar en Carquemis.

Luego de la derrota de los egipcios Nabucodonosor arrasa con la tierra de Israel y subyuga a Joacim, rey de Judá, pero la noticia de la muerte de su padre precipita su regreso a Babilonia por un atajo en el desierto, dejando órdenes de que se seleccione a jóvenes nobles de las familias de Judá y que sean conducidos a Babilonia.

Entre estos se encontraban Daniel, Ananías, Misael y Azarías.

Nunca pensó Nabucodonosor que junto con estos jóvenes estaba llevando a su reino la misma presencia de Dios, por medio del valor y el testimonio de verdaderos adoradores que influirían desde ese mismo momento en su vida, reinado e inclusive en la idea que él, Nabucodonosor, tenía de Dios.

El primer encuentro con Dios

Nabucodonosor tuvo la oportunidad de encontrarse varias veces con Dios.

En el mismo primer capítulo del libro el pudo ver como el Dios de estos jóvenes los bendecía, como era con ellos y les visitaba en el mismo lugar de su desgracia.

Era muy evidente que la preeminencia de los jóvenes hebreos no era algo pasajero, era el resultado de algo sobrenatural, de algo más allá de lo medible, de lo registrable, era algo milagroso.

A pesar de haber desafiado de manera clandestina al rey al no comer los alimentos escogidos para ellos, lo que para el rey hubiese sido un insulto, los jóvenes fueron hallados superiores a los demás por 10 veces al término de su preparación para estar en la corte del Rey.

Este hecho debió de alguna manera ser conocido por Nabucodonosor.

El segundo encuentro

En la segunda ocasión en que se encuentran las circunstancias de la reunión fueron aún más personales, más «íntimas» si se quiere.

A través de un sueño muy especial, Dios le muestra que sólo Dios tiene el poder sobre el tiempo y el futuro. Le muestra que Dios puede anunciar lo porvenir desde el principio. Por medio de imágenes y figuras le muestra a él de manera exclusiva lo que ha de acontecer en el futuro.

Allí el rey escucha de labios de Daniel el devenir de toda la historia de la humanidad, y le hace saber al rey el papel que él mismo jugará en el desarrollo de los acontecimientos futuros.

Pero prefiere solo reconocer que hay poder en el “Dios de Daniel”, ese no es su Dios, por lo tanto sólo lo contempla desde lejos.

Tercer encuentro

La tercera vez, el encuentro es aún más convincente.

Dios salva de una manera extraordinaria a sus hijos fieles, en la misma presencia del rey y de todo el pueblo, de hecho es el rey el primero en notar la gran hazaña de Dios, pero lo sigue viendo sólo como el Dios de los hebreos, él prefiere no hacer compromisos con ese Dios, prefiere estar desde lejos viendo las maravillas que realiza, reconociendo que es grande y poderoso, pero sigue teniendo su propio dios.

Prefiere mejor evitar al Dios de los hebreos, no quiere enfrentarlo, se ha dado cuenta que este es un Dios muy personal.

Cuando nota que en vez de tres son cuatro los que están en el horno, llega hasta a reconocer la presencia de uno “Semejante al hijo de los dioses”. Sin embargo, a la hora de llamar, sólo invita a salir a Sadrac, Mesac, y Abegnego.

Último encuentro

Como queriendo reiniciar un buen acercamiento Dios insiste con Nabucodonosor.

¡Oh, Sublime Gracia!

Del señor que a un infeliz salvó.

Una vez más en sueños Dios le habla de la misericordia y el perdón para él. Por medio del sueño del árbol.

Sólo tenía que ser humilde y reconocer que todo lo que tenía provenía de la mano poderosa de Dios.

Nabucodonosor es un vivo ejemplo de la insistente presencia de Dios por salvar al pecador, por alcanzar a aquel que se cree vestido por los harapos de esta vida y cubrirlo con un manto de justicia plena.

Nabucodonosor corrió, quería evitar a Dios.

Dios corrió tras él, quería salvarlo y lo logró.

Eso fue posible cuando el impetuoso rey reconoció, en el capítulo 4, la grandeza y el poder de Jehová, y que solo por medio del Todopoderoso alcanzamos una verdadera posición en la vida.

El éxito terrenal y las posiciones cimeras encierran en sí mismas una realidad incuestionable:

Cuando estás en una posición elevada tienes mayores posibilidades de caer, que de seguir subiendo.

Nabucodonosor ahora ha madurado espiritualmente, se ha convertido en una persona humilde.

Lo que a otros le costó toda la vida aprender, con la ayuda de Dios lo aprendió en 7 años. Un tiempo perfecto, que le mostro que sólo Jehová es eterno.

Consiente pues de sus limitaciones decide seguir el camino del arrepentimiento y de la humildad.

El rey por fin experimentó la conversión.

Conclusión:

Dios desea salvarnos, siempre estará dispuesto a ir tras nosotros con el propósito de darnos vida en abundancia.

Por ellos debemos reconocer nuestra necesidad de él.

Estando abajo, humillados ante su presencia el único lugar donde podemos mirar es hacia arriba, hacia él.

Llamado

Hermanos queridos, Dios desea darte la salvación, el insiste en buscarnos, pero muchas veces corremos lejos.

La gloria pasajera de este mundo nos deslumbra, creemos que será duradera, creemos que la fuerza de la juventud estará siempre con nosotros, que el mundo no es suficiente.

Pero cuando el humo del escenario desaparece, cuando las luces se apagan y ya no hay aplausos en la vida, entonces la soledad provocada por el vacio que ha dejado el pecado, me recuerdan que tengo una gran necesidad en mi vida.

Ese vacío es el que quiere llenar la presencia de Dios en nosotros.

Te gustaría que Dios llene ese vacío.

Dios puede llenarlo, sólo debes venir a él y te dará la salvación.

Así como lo hizo con el Rey Nabucodonosor, el lo quiere hacer contigo…

Deja un comentario