
Tengo un tío muy querido al que admiro. Porfirio Peralta. Es una persona que se preocupa por la comunidad rural en la cual nació hace más de medio siglo. Siempre se mantiene en contacto con las personas que viven y sobreviven en aquellas comunidades. Desde su empresa desarrolla un lindo MINISTERIO, porque no le puedo llamar negocio a lo que él hace; convertir esas comunidades en nichos de producción pare el sustento de miles de personas que, de forma directa o indirecta, ganan el sustento en la industria del Guano y de otras fibras vegetales. Hace muchos años que Tío Porfirio lee los libros de Ellen White. En algunas ocasiones me ha hecho comentarios muy favorables sobre las cosas que ha leído en libros como «El Deseado de todas las Gentes», El conflicto de los siglos» entre otros.
Mi tío es un apasionado de la lucha por la superación de las personas que viven en esas comunidades rurales. Quiero dedidicarle a él y a todos ustedes, estas palabras escritas por Ellen White hace más de 100 años, donde enfatiza la importancia de esa obra que mi querido tío ama tanto. Estas palabras me animan a seguir creyendo en la inspiración de los escritos de Ellen White.
Esta porción está en el libro «Servicio Cristiano».:
Educación Industrial
Hay un sinnúmero de familias pobres en cuyo beneficio no habría mejor obra misionera que la de ayudarlas a establecerse en el campo y enseñarles cómo sacar sustento de él. La necesidad de una ayuda e instrucción semejantes no queda circunscrita a las ciudades. En el campo también, a pesar de sus recursos, hay muchos pobres muy necesitados. Hay comunidades enteras faltas de educación industrial y de la sanidad. Hay familias que viven en chozas, con pocos muebles y escasa ropa, sin herramientas, sin libros, sin ningún desahogo ni medios de cultura. Almas embrutecidas, cuerpos debilitados y deformes, resultado patente de la herencia y de los malos hábitos. Esta gente debe ser educada desde el principio. Han llevado vidas desprovistas de todo, vidas de ocio y de corrupción, y necesitan que se les enseñen hábitos buenos. (El Ministerio de Curación, págs. 182, 183.)
Hay que prestar atención a la implantación de varias industrias que podrán dar empleo a familias pobres. Carpinteros, herreros, y en una palabra todo el que entiende de algún oficio, debe sentirse moralmente obligado a enseñar y ayudar a los ignorantes y desocupados. (El Ministerio de Curación, pág. 184.)
Los hacendados cristianos pueden desempeñar una misión verdadera ayudando a los pobres a encontrar casa en el campo, y enseñándoles a labrar la tierra y a hacerla productiva. Enséñenles el uso de los implementos agrícolas, el cultivo de diferentes especies, y la formación y el cuidado de huertos. (El Ministerio de Curación. pág. 183.)
En el servicio y asistencia a los pobres hay amplio campo para la actividad, tanto de mujeres como de hombres. La cocinera entendida, la mujer experimentada en el gobierno de la casa, la costurera, la enfermera: se necesita la ayuda de todas ellas. Enséñese a los de familias pobres a cocinar, a hacerse su propia ropa y a remendarla, a cuidar a los enfermos, y a atender debidamente sus casas. Enséñeseles a los muchachos y a las jóvenes algún oficio o trabajo útil. (El Ministerio de Curación, pág. 184.)
Espero que esta lectura sirva de inspiración, no sólo para mi tío, sino para todos los que puedan leer.
Dios nos bendiga
