Salid de ella


Apocalipsis 18:4

“Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas”

Propósito:

Analizar Apocalipsis 18:4, identificar cual es el mensaje de Dios a través de su palabra por medio de esta exhortación revelada a Juan.

Frase Clave:

Salid de ella Pueblo Mío.

Introducción:

Por siglos el libro de Apocalipsis ha tenido un halo misterioso. Para muchos, este libro ha sido el origen de sus pesadillas, para otros la razón de sus más grandes anhelos de transmitir la verdad.

Elena G. de White llama al Apocalipsis una “maravillosa revelación”[1] de Jesús, al describir lo que Juan recibiría en visión.

En este libro tan especial Nuestro salvador quiere revelar a su pueblo quien es él, desde todos los puntos de vista posibles; por medio de símbolos familiares para sus iglesias a lo largo de la historia.

El Alfa y la Omega, el Testigo Fiel, el que estuve muerto y ahora vivo, El Cordero, cada uno de estos títulos buscan colocar en nuestra mente la confianza que ha de lograr que el mensaje de apocalipsis sea asimilado por los que nos llamamos hijos de Dios.

Apocalipsis es un libro para conocer a Cristo. Así empieza, la Revelación de Jesucristo.

Como todos nosotros sabemos es, imposible en una mañana conocer todo el mensaje de este fascinante libro, por ello en esta oportunidad nos hemos concentrado en el mensaje del capítulo 18 versículo 4,

“Salid de ella pueblo mío”.

Trataremos de explicar el mensaje de Dios para sus hijos fieles, que deberán escuchar un llamado firme, a abandonar las prácticas religiosas ambiguas que nublan el entendimiento espiritual y nos convierten en presa fácil para el enemigo.

Apocalipsis 18

No es extraño para los hijos de Dios recibir un llamado a Salir. A través de la historia del ser humano este ha sido el llamado constante de Dios para sus hijos.

En el Comentario del nuevo testamento de William Barclay él señala que “Dios siempre está exhortando a Su pueblo a que corte su relación con el pecado y se mantenga firme con Él y por Él”.

Por lo tanto, para poder comprender y asimilar el mensaje de Apocalipsis 18 es necesario que nos sintamos parte del pueblo. AMEN

Que pertenecemos al pueblo fiel de Dios. Si no estamos sintiendo eso entonces nuestra condición espiritual es de extremo cuidado. Debemos identificarnos con los hijos de Dios que tienen el deseo de vivir con Él por la eternidad.

El mensaje de Apocalipsis 18

A través de la historia Dios le ha dicho a su pueblo que se aparte de todo tipo de costumbre que lo coloque en vulnerabilidad.

Algunos textos:

El llamado de Dios a Abram:

«El Señor había dicho a Abraham: «Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré»» (Gen12:1).

Fue la llamada a Lot antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, que él comunicó a sus yernos:

«¡Levantaos, salid de este lugar, porque el Señor va a destruir esta ciudad!» (Gen 19:12-14).

Fue la llamada que se dirigió a Moisés en los días de la maldad de Coré, Datán y Abiram:

«¡Apartaos de los alrededores de la tienda de Coré, Datán y Abiram… Apartaos ahora de las tiendas de estos hombres impíos!» (Num_16:23-26).

«¡Salid de Babilonia! -dijo Isaías- ¡Huid de entre los caldeos!» (Isa_48:20).

«¡Huid de en medio de Babilonia -decía Jeremías-, salid de la tierra de los caldeos!» (Jer_50:8). «¡Huid de en medio de Babilonia! ¡Poneos a salvo, para que no perezcáis a causa de su maldad!» (Jer_51:6). » ¡Salid de en medio de ella, pueblo mío, y salvad vuestra vida del ardor de la ira del Señor!» (Jer_51:45).

Es el grito del que resuena el eco en el Nuevo Testamento. Pablo escribe a los corintios:

«No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque, ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Qué armonía puede haber entre Cristo y Belial?» (2 Co_6:14).

«¡No te involucres en los pecados de otro! ¡Mantente limpio!» (1 Timoteo_5:22).

El cristiano no se conforma, no toma la forma del mundo, sino se transforma en algo distinto del mundo (Rom_12:2). No es cuestión de retirarse del mundo, sino de vivir de una manera diferente en medio del mundo.

 

Condición del Cristianismo moderno

No es necesario que abunde mucho al tratar de explicar la condición de los cristianos de este siglo XXI, sin duda hay una sola palabra que señala su condición. Esa es la palabra CONFUSIÓN.

No tenemos de una forma certera una visión correcta de los valores que se supone que atesoren los seguidores de Cristo que vivimos en este tiempo.

Hay llamados cristianos que ROBAN, que MATAN, que ODIAN a sus semejantes, que desean ser ACEPTADOS a pesar de sus prácticas contrarias al mandato de Dios.

El llamado de Dios es Salid

Por lo tanto, es certero como el primer día el llamado de Dios a SALID.

Hay que salir de la APATÍA

Hay que salir del ODIO.

Hay que salir del CLASISMO.

Hay que salir del STATUS.

Hay que salir de la ZONA DE CONFORT.

Cada uno de estos elementos está presentes en la vida de muchos de nosotros, que estamos PRETENDIENDO vivir por la eternidad junto a nuestro Dios en la tierra nueva.

¡Pero qué nos pasa iglesia!, despertemos de una vez por todas. Dejemos que el Jesús revelado a Juan, aquel que conoce nuestras obras, aquel que sabe que nos somos ni fríos ni calientes nos llene de su poder y permitamos que él nos dirija a salir.

Hermanos míos es tiempo de ORAR, de LEER LA PALABRA, de COMPARTIR EL MENSAJE y de AMARNOS LOS UNOS A LOS OTROS.

Este es el mensaje de Apocalipsis 18. Salid de la confusión, salid del error, enseñar la verdad, pues el mensaje que proclamamos debe alumbrar la tierra con su gloria.

Llamado

Pero para eso necesitamos reconocer nuestra condición.

¿Cómo está tu vida espiritual? ¿Cuánto tiempo estás dedicando al gimnasio y le estás robando a Dios? ¿Cuánto le estamos dedicando a BABILONIA?

El tiempo de ESTE MUNDO está llegando a su fin. Babilonia, símbolo de la confusión espiritual ha caído, Dios nos llama como siempre lo ha hecho. Nos dice.

SALID DE ELLA PUEBLO MIO.

¿Te sientes parte del pueblo?

[1] Hechos de los apóstoles pág. 464

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