«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de nosotros, pues es don de Dios. Efesios 2:8
Hace poco leí la historia de un borracho que fue rescatado de las garras del vicio, por el Señor. En su hogar la necesidad estaba a la orden del día. En el tiempo en que era esclavo de la botella de alcohol, su familia sufría de hambre mientras el derrochaba los pocos recursos que ganaba bebiendo en los bares y cantinas. Un día, después de su conversión, un escéptico, de esos que abundan sin explicación, se mofó de él diciéndole:
—¿Crees tú que Cristo hizo que el agua se volviera vino?
No hay que hacer un profundo razonamiento para comprender cual era el objetivo de este atrevido no creyente, sin embargo, la «rápida y acertada respuesta de aquel que había sido un bebedor fue:
—No sé qué decirte …; pero lo que sí sé es que en mi hogar Cristo hizo que el vino se volviera pan». (Alfred Lerı́n, 500 ilustraciones (El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones, 2000), 287–288).
Cuando pensamos en los milagros, usualmente lo relacionamos con eventos sobrenaturales como, transformar agua en vino, (Juan 2), o la multiplicación de los panes y los peces (Mateo 14:13-19), o caminar sobre el agua (Mateo 14:22-32), sin duda estos son eventos extraordinarios que nos demuestran l grandeza y poder de Dios sobre todos los aspectos de la existencia. Sin duda alguna que estos MILAGROS nos ayudan a fortalecer nuestra fe.
Pero el mayor de los milagros de Dios no ocurre en la naturaleza o en la cura de una enfermedad. Sino que el mayor de los milagros es el MILAGRO DE LA SALVACIÓN. Ese milagro es el que obra Jesús en el corazón de una persona que acepta el llamado de Dios cuando estaba totalmente perdida, en el vicio, el crimen o la falta de identidad o motivos y por medio del Espíritu Santo le imputa la salvación.
Tu puedes recibir el perdón de parte de Dios, y alcanzar la salvación que Dios quiere darte. El gran científico divino hace «experimentos de gracia en el corazón del hombre», ¿Te gustaría que ese experimento se obre en tu vida?
Si tu respuesta es sí, te exhorto a que en este momento, digas esta oración:
«Querido Dios, necesito de tu salvación, perdona mis pecados y ayúdame a servirte de todo corazón».
