El papel del hombre en la salvación del hombre


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Cuando hablamos de predicar el evangelio, entramos en un tema muy particular. El hombre es un instrumento a favor del hombre. Desde la creación, el principio de asociatividad estaba involucrado en la relación de Adán y Eva y por lo tanto es parte de nuestra identidad como hijos de Dios.

Con la aparición de la Familia, el ser humano es guiado a asociarse, a formar una comunidad y desarrollar todas sus actividades. Esta asociacion empieza por el nucleo, que es el matrimonio, y desde alli deben partir todos los elementos que le daran valor a los demas efectos sociales del hombre. Esto convierte a la familia en un objetivo para todo el que quiere, de forma directa, influir en la manera de vivir y de pensar de cada grupo humano.

No es el propósito hablar de la familia en este POST, sin embargo es necesario hablar de la naturaleza social del hombre, y se hace necesario para poder comprender porque Dios usa al ser humano para llevar al mismo ser humano a la comprension de su mensaje de salvación.

Nos entendemos porque somos familia, nos entendemos porque sabemos lo que significa vivir, Dios nos creo así, por lo tanto se hara más facil para uno igual a mi hablarme de lo que yo siento y de los problemas exitennciales.

Esa es la razón principal por la que consideramos que Dios nos envía a nosotros a predicar el evangelio. Es cierto que Dios pudo usar a cualquier otra criatura: angeles, arcangeles o serafines o hasta otra humanidad de otra galaxia habitada; sin embargo, ninguno conocería los horrores de vivir en un mundo caido como el nuestro, en donde sólo nos quedan algunos destellos de la belleza con la que Dios nos creo.

Cuando tenemos la oportunidad de predicar estamos haciendo una labor tan especial, que ninguna otra criatura en el universo podrá darle la dimensión que tu y yo podemos, la dimensión humana. Esto es tan real que aún el mismo Dios, para completar este plan SE HIZO HOMBRE para estar más cerca de nuestras propias necesidad.

Esto hace imprecindible el rol que juega el hombre en la salvación de si mismo, una manifestación adicional de la gracia.

 

El ser humano es participe de su propia salvación.

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