Una cosmovisión del ministerio pastoral


Pr. Domingo Guzmán, en la Iglesia Central de San Cristóbal.

Introducción

Siempre es un desafío ejercitar el pensamiento con el propósito de observar alguna idea desde nuestra perspectiva. Sin duda, el ministerio pastoral no es una excepción, más bien es muy necesario que todo el que “aspire obispado” esté muy consiente del rol que desempeña un ministro en la iglesia y en la sociedad. Y debe conocer los desafíos y oportunidades que tendrá por delante todo “fiel obrero” de Cristo.

Con esto en mente, quiero plasmar en este documento cual es mi cosmovisión del ministerio pastoral para la iglesia que ha visto transcurrir rápidamente casi una década del siglo XXI y que tiene grandes desafíos ministeriales en estos “tiempos peligrosos”, a la luz de los consejos trasmitidos por el apóstol Pablo en las cartas dirigidas a jóvenes ministros de su tiempo, y que no han perdido su valor a pesar de haber sido escritas casi dos mil años atrás.

Quiero enfocar esta mirada al ministerio en tres aspectos especialmente. En primer lugar, el rol espiritual del ministro y su responsabilidad en el crecimiento y desarrollo de la iglesia. En segundo plano, el rol social de un ministerio cada vez más necesario en la comunidad y en la sociedad y, por último, el rol humano del ministerio, sobre todo en el aspecto de familia.

Espero que, al hacer este pequeño documento, el mismo pueda ayudar a cualquier joven interesado en el ministerio a mirarlo con un poco más de conciencia y valor, ya que el trabajo que desempeña un pastor trasciende a la practica de una carrera, siendo más bien una vocación para la cual deben estar en armonía el conocimiento y la fe.

El rol espiritual del ministerio.

Todo aspirante al ministerio pastoral debe estar consiente que el ministerio es una carrera eminentemente espiritual, y que el éxito o fracaso en ella dependerá de la comunión que el ministro desarrolle con Dios por medio de una vida consagrada. Pablo, al transmitir esto a Timoteo, lo expresa al decirle que Dios, “teniéndome por fiel, me puso en el ministerio”, lo que indica que el ministro es llamado a realizar su labor no sólo porque le agrade la idea personalmente, sino que debe estar precedido por un llamado al cual hace bien en responder el aspirante.

El ministerio tiene un clímax, preparar al ser humano para la venida de Cristo. Todo buen ministro debe entender que su principal objetivo es prepararse para el encuentro con Dios, al tiempo que ayuda a otros a hacer los mismo.

Esto no desprende para nada la importancia que tiene el mirar el ministerio como una tarea agradable. De hecho, Pablo dice: “Si alguno anhela obispado, buena obra desea”. En lo personal creo que la vocación ministerial debe agradarle a quien la ejecuta; debe ser una obra en la que haya satisfacción por el deber cumplido. Es por lo que es una “buena obra” y puede ser deseada.

Un buen ministro está llamado a no descuidar el don, personalmente creo que este es un gran desafío. Las distracciones que pueden aparecer en medio de un mundo tan agitado pueden llevar al ministro joven a “descuidar el don” que Dios le dado, o podría enfocarse sólo en algunos aspectos de carácter aplaudible y descuidar algunos menos públicos, pero más necesarios; como la íntima comunión personal con el Señor a través de la oración y el estudio de la palabra.

Me parece que esto es lo que Pablo le trasmite a Timoteo al recordarle el valor de las Sagradas Escrituras, para que no se conviertan en un motivo sólo de discusión cognitiva, sino en un medio para mantenerse conectado con la Deidad.

Ser joven no debe entorpecer la correcta practica del ministerio. Es imperativo lograr que nadie juzgue el desempeño de un ministro por su juventud. Para lograr esto, tiene que desarrollarse una serie de actitudes como la buena lectura, el cuidado con las relaciones interpersonales, sobre todo con el sexo opuesto y la transmisión del conocimiento, pues el ministro está llamado a ser un maestro de la iglesia.

El rol social del ministerio

El pastor va a ejercer su trabajo en la sociedad, no puede vivir de espaldas a ella, es por lo que entiendo que Pablo deja claro a Tito que la “gracia de Dios se ha manifestado para salvación a toda la humanidad”. Esta declaración es muy relevante cuando se tiene una visión social del trabajo ministerial. El pastor del siglo XXI es el pastor, no solo de la iglesia, es el pastor de las personas comunes, de los líderes comunitarios, de las autoridades que habitan en su entorno.

Entiendo que cuando somos consientes de esto, las personas ven al ministro desde otro punto de vista; aprecian lo que hace la iglesia por la sociedad y por ellos mismos y permite esto que haya un terreno más accesible a entender el evangelio.


 

El rol humano del ministerio.

El ministro debe reconocer que él es un ser humano. No es un superhéroe que está exento de peligros. Es más, los superhéroes, que no existen, tienen todos en su mitología, un punto débil, lo que no es menos cierto entre la realidad humana.

El pastor debe cuidar su familia, pues es el primer terreno donde el enemigo tratará de darle una “buena batalla”. Por lo tanto, hay que tener en cuenta que Dios nos ha dado nuestra familia para que sea nuestro sostén primario, para ejercer nuestra vocación como para manifestar los frutos de lo que Dios está obrando.

Cuidar mi relación con mi familia es uno de los procesos en lo que me gusta invertir tiempo, y creo que es correcto que esto sea parte del trabajo pastoral.

Prepararme intelectualmente es un reconocimiento de mi debilidad como ser humano. No puedo creer que lo se todo, debo sentirme siempre débil en ese sentido, debo anhelar estar “aprobado” en todo tiempo, y desarrollar el deseo de buscar esa aprobación, primero de Dios, y luego de mi familia y de mi iglesia.

Conclusión

Ser un buen soldado de Jesús implica que hay que “sufrir penalidades”, tengo que reconocer que, al igual que a la mayoría de las personas, no me gusta sufrir, sin embargo, cuando mi visión del ministerio se convierte en observar las grandes oportunidades de servicio, de crecimiento personal y espiritual, sin duda transforma las penalidades en esperanzas. Al finalizar quiero dejar claro que lo más importante es el hecho de que la vocación ministerial tiene un objetivo superior a todos, prepararme para vivir plenamente con mi Dios cuando el restaure su imagen en el ser humano. Cuando el Señor Jesús se manifieste por segunda vez, y se haga tangible la “esperanza bienaventurada”, todos los que hayamos ayudado en el proceso a cualquier ser humano nos sentiremos satisfechos.

Deja un comentario