El apóstol Pablo expresa en Romanos 8:28 que «a los que aman a Dios» todas las cosas le son para bien. Esta declaración, que se encuentra entre las más conocidas de La Biblia, es sin duda una de las más poderosas exhortaciones a confiar en la dirección divina. Sin embargo, no es lo mismo verla desde la otra perspectiva, cuando nos preguntamos: ¿Cómo puede la adversidad y el sufrimiento, la enfermedad o el dolor representar algo bueno para nosotros? ¿Será esto un consuelo sin fundamento? ¿Es una manifestación de conformismo religioso cuando no encuentro respuestas?
Para poder entener esto necesitamos conocer la soberanía de Dios y aceptarla en nuestra vida. Dios es el todopoderos que nos dirige y que sostiene; de él proviene todo lo que nos es de bien. Cuando el adversario quiere intervenir, Dios se interpone para que el mal que Satán desea inflingir pueda ser tornado en una bendición para la existencia de quien lo sufre. Vestida de sufrimiento por medio de la desdicha que nos llega en cualquier momento, esta una oportunidad a confiar en el Dios que decimos creer.
En los últimos meses he visto como Dios, en medio del dolor, ha guiado mis pasos y los de mi familia, para seguir confiando plenamente en que la última palabra siempre la tendrá aquél que es soberano, Rey de Reyes y Señor de Señores.
Cuando en tus luchas sientes que no puedes más, y el dolor es tan inmenso que te ahoga, más allá de tu desafío hay un Dios que te sostiene. Esa es su promesa y yo la creo.
